Cataluña no deja de sorprender, pues nos ofrece numerosos rincones en los que perderse durante unos días, pues cuenta con escenarios maravillosos. Esta vez decidimos visitar el Cister Catalán, sin lugar a dudas una opción que no te puedes perder.

Empezamos nuestro recorrido en Santa María de Poblet, visitando el Monasterio que se halla en la comarca de la Conca de Barberá, Poblet. Plaza del Monasterio entre Vimbodi y L'Espluga de Francolí, al pie de las montañas de Prades. Está situado en un bello paraje donde manan fuentes caudalosas, por lo que es ideal para realizar senderismo. Se caracteriza por ser cercano a la gran masa forestal del bosque de Poblet, de vegetación rica y frondosa, que ha sido una de las muchas posesiones del cenobio.


Un paraíso arquitectónico

El Monasterio destaca por su sobriedad y austeridad, y cuenta con diferentes dependencias dignas de visitar, como el Palacio del Abad, la sala capitular, el Palacio Real, los jardines, el claustro que cuenta con un sobre claustro digno de mención, sin olvidar la iglesia con las tumbas reales de la Corona de Aragón, entre las que destaca la de Jaime I el Conquistador. No en vano fue declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

En la actualidad, residen en él 32 monjes que desarrollan su vida monacal desde las 5 de la mañana hasta las 10 de la noche, hora en que se retiran a sus celdas. Parte de las dependencias que se pueden visitar, son utilizadas, hoy en día, por los monjes en su quehacer cotidiano.

Y seguimos nuestro viaje hasta llegar al pueblo de Santes Creus, el cual está construido alrededor del recinto del Monasterio que lleva su nombre. Para acceder desde la carretera de Tarragona al Pont D´Armentera, tenemos que cruzar el río Gaià por un puente de piedra construido en el 1549 por el Abad Valls (del cual se conservan la fecha y el escudo de armas en el muro izquierdo). En la entrada del puente, encontramos la cruz de término de estilo gótico (siglo XIV) que posee una base bellamente esculpida. 

El Monasterio de Santes Creus se levanta en un valle recoleto cerca del río Gaiá, en un armonioso paraje en el que alternan las alamedas y los avellanos, con campos de viña y de almendros rodeados de olivos, en un paisaje claramente mediterráneo. Es una maravilla poder pasear por los rincones divisando el magnífico conjunto arquitectónico, de gran interés por su belleza y monumentalidad. Es fiel a los mejores modelos de los monasterios cistercienses, se halla escalonado sobre la orilla izquierda del Gaiá, rodeado por antiguas dependencias monásticas que con el tiempo han sido habilitadas como viviendas y forman el pequeño pueblo de Santes Creus.


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Día completo el que llevamos en nuestra excursión, por eso empieza a ser momento de pensar en reponer fuerzas comiendo como necesitamos. Y para ello nada mejor que dirigirnos al Hostal del Senglar (Hostal del Jabalí), en el pueblo de L'Espluga de Francolí. Además de un trato agradable y cordial, la cocina de este establecimiento es muy recomendable. Sus especialidades son los civets, siendo el más destacable el de jabalí.

Decidimos deleitarnos con una suculenta "calçotada", ágape típico de estas tierras y cuyo momento del año para degustarla es entre los meses de noviembre y marzo a lo sumo, ya que es cuando podemos contar con la materia prima con que se elaboran las "calçotades", es decir, el "calçot", unas cebolletas peculiares, obtenidas tras un cultivo artificial genuino del pueblo de Valls.

 
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Nos comentaron que se utiliza como una forma de reunión entre amigos alrededor de una hoguera, quizás en recuerdo de los inicios más profundos del hombre. El ambiente festivo que se forma durante la preparacion de la misma, es lo más importante de ellas, y es el espíritu real de las "calçotades".

Dimos un paseo por los alrededores pero luego descansamos, pues al día siguiente, debíamos visitar más. Al despertarnos el domingo continuamos con nuestro viaje, dirigiéndonos, en esta ocasión a otro monasterio, el de Santa María de Vallbona. Es el más importante de la rama femenina cisterciense en Cataluña, con una continuidad de vida religiosa de más de ocho siglos, ubicado en la parte meridional de la comarca del Urgell, cerca de la Conca de Barberà.

 
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El conjunto arquitectónico, construido y reformado en épocas muy diversas, posee una grandeza y suntuosidad que lo diferencian de la mayoría de los monasterios cistercienses femeninos. Por su parte, la iglesia abacial, construida en gran parte en los siglos XIII y XIV, es un buen ejemplo de estilo de transición del románico al gótico.

Y como todo lo bueno dura poco, el día se nos esfumó sin darnos cuenta. Debíamos decir adeu a la bella Spelunca, que en latín significa cueva, el nombre que recibió la villa de L’Espluga de Francolí desde medianos del siglo XI. Adiós al turismo activo, a sus verdes praderas, la peculiaridad de sus gentes y ese olor inédito que emana de sus alrededores nos acompañarían durante el viaje de vuelta a casa.