A todos nos ha llamado la atención volar alguna vez, un sueño que desde que el hombre es hombre ha estado rondando en la cabeza de todos aquellos aventureros que quisieron hacer algo diferente alguna vez...

Para muchos practicar deportes aéreos no va más allá de practicar un hobby o dedicarse a una profesión. Pero para otros, los más afortunados, volar significa cotactar en cierto modo con la naturaleza de una forma más profunda: desde lo más alto. Las aves que cada año viajan de un punto a otro del planeta saben muy bien lo que es ver las ciudades, los pueblos o los bosques desde una perspectiva diferente. Tan sólo ellas son capaces de sentir el mundo a sus pies... ¿te gustaría experimentar esa sensación?

 
Ala Delta en el cielo

  

De entre todos los inventos que el hombre ha ideado el ala delta supone un auténtico reto personal, pues sólo estáis tú y el aparato, sin motores ni terceras personas que puedan influir en el funcionamiento del planeador y tu aventura por los cielos. El ala delta puede ser transportado, despegado y aterrizado sólo con tu energía y la de tus piernas.

Este tipo de planeador está construido por dos tipos de alas: flexibles o rígidas. Las primeras son las más utilizadas a nivel nacional e internacional, ya que no supone un coste tan elevado y su composición se basa en unos tubos de fibra de carbono o aluminio aeronáutico de diferentes secciones. Se unen por cables de acero trenzado y, como no podía ser de otra forma, un conjunto de remaches, tornillos o tuercas se encargan de que el aparato esté bien asegurado. Todo ello está cubierto por una vela, parecida a la utilizada en algunas embarcaciones, que hace que el planear sea un sueño hecho realidad.

Ahora bien, ha llegado el momento en el que te subas a este planeador. Lo primero que has de escoger es una buena escuela de ala delta que te dé las mejores condiciones de seguridad y profesionalidad. Si aún no te has decidido a hacer un curso lo más coherente es que realices un vuelo tandem gracias al cual podrás disfrutar de este deporte sin riesgos ni preocupaciones.

 
En pleno vuelo

 

Sentir el aire que roza tu rostro y dejarte llevar por donde el guía y el viento quieran es una de las sensaciones más reconfortantes y a la vez divertidas que podrás vivir. Verás que tan sólo unos minutos bastarán para convencerte de que este es un deporte que puede adaptarse a ti y a tus ganas de disfrutar de tu ciudad o de tu lugar de vacaciones preferido.

El siguiente paso será realizar un curso de ala delta. Consistirá en una breve sesión teórica donde aprenderás todo lo relacionado con el material de vuelo, el ala delta o el conocimiento acerca de las condiciones climatológicas. Por otra parte las clases prácticas te servirán para ponerte a prueba y ver si has entendido lo explicado por los monitores. Convertirte en piloto no te dejará indiferente.

 
Sobrevolando los campos

  

A partir de ahora sólo te queda disponer de tiempo libre para poder disfrutar de esta experiencia una y otra vez. Dependiendo del clima y de tu habilidad puedes practicar esta actividad durante unos minutos o varias horas... Surca los cielos a diferentes alturas, ya sea sobrevolando un bonito prado o incluso acariciando las nubes con tus propias manos... bastará con que sepas muy bien dónde dirigirte y cómo aprovechar las diversas masas de aire caliente que te ayudarán a elevarte y a ver comarcas enteras a vista de pájaro.

Si aún estás dudando es hora de que dejes tus miedos a un lado y te atrevas con algo verdaderamente apasionante, alejado de todo lo que habías hecho hasta ahora y lejos de los típicos deportes de masas que no tienen el encanto del ala delta

Cumple tus sueños realidad: vuela como un ave y vive este deporte de aventura viviendo experiencias únicas e inolvidables.